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lunes, 2 de abril de 2012

Barcelona Marató 2012 (Un lost en Catalunya)

Los que nos calzamos una zapatillas y echamos a correr, llueva, haga frío o calor, varias veces a la semana nos creamos un hábito un tanto discutible para muchos. Estamos locos.  

Correr es el medio y el objetivo,  parada y destino, cansancio y esfuerzo, evasión y reflexión, plenitud y vacío, amistad y soledad…
20.000 corredores en la Barcelona Marató

El entrenamiento puede ser un fin en si mismo. Si un día estás muy cansado o no apetece por las inclemencias del tiempo, decides quedarte en casa y ya está. Otro día será.

Pero un día decides prepararte para una carrera exigente, por ejemplo: un Maratón. Inevitablemente te pones un objetivo que puede ser, terminar, bajar de 4 horas y media, bajar de 4 horas, bajar de…., y te trazas un plan, normalmente de 3 ó 4 meses, y entonces no vale lo dicho anteriormente. No puedes fallar, si lo haces te arrepentirás el día de la carrera. Así que hay que sacar tiempo de donde no lo hay, perder horas de sueño, perder tiempo para estar en casa con tu familia, salir en las noches de enero cuando no hay un alma en la calle, madrugar esos domingos cuando todos están en la cama, no puedes fallar.

Conforme pasan los días te sientes más poderoso, te sientes confiado, te va dando un progresivo “subidón”. Todo va bien. Controlo.
Afloran los sentimientos

Faltan solo dos meses, perfecto. ¡Qué bien esas series!, buena tirada este fin de semana, voy cogiendo el ritmo que busco…, pero ¡ay!, un súbito dolor en la rodilla. Echas a andar, seguro que se pasa…, empiezas otra vez a correr, vuelve el dolor, fuerte, intenso, cojeas… ¿Qué me pasa? La fisio disipa mi duda: “Pata de ganso”, ¡Joder!, menudo nombre, podría haberme dado una “tendinitis rotuliana” como a Nadal, eso si que mola…, ¡no!, Pata de ganso…,Cago en la leche!, ¡con lo bien que iba todo!

Resultado: Casi un mes en el dique seco, masajes, corrientes, hielo y bajón de forma. Y como no soy muy constante: algún kilo de más. Miras a tu fisio como a una “diosa”: ¡Por Dios, cúrame! Paciencia y ánimo, seguro que llegas.

Así que, tan solo faltando un mes para la carrera te dice: trota un rato y pruébate. Vuelven los nervios. Sales con precaución y no notas molestias, no fuerzas. Poco a poco vas aumentando la tirada y la velocidad. Tu cuerpo responde. ¡Hace solo unos días pensaba que no podría llegar! Y sin darme cuenta, me subo en el avión que me llevará a Barcelona. El objetivo: terminar. Llegar a la meta con los brazos en alto, vencedor.

No hay nada como correr. Encontrar una motivación, establecer una meta. Echo a correr con veinte mil corredores que me arropan, que me llevan en volandas y antes de darme cuenta estoy en el Nou Camp, con la liebre de las 3 horas y media. La Sagrada Familia…, ¡que lujo!..., mi amigo Gaudí, el corazón me late rápido, pero de emoción. Llego a la media, llego a la playa y en el kilómetro treinta, de pronto los kilómetros que no hice me caen a plomo. Adiós liebres. Aflojo o me va a reventar algún músculo…, bajo casi un minuto el kilómetro, pero me da igual, se cual es mi objetivo. No me asusto, estoy eufórico. Los últimos 5 Km., no necesito esforzarme, la gente en el barrio gótico, en las ramblas corren por mi. Los críos me chocan la mano cargando mi batería. Y Colón me señala el camino: sigue por Paral-el, Tomás corre, corre. 

We are the Champions! my friends!!
Cruzo la meta rodeado de cientos de corredores, levantando mis brazos como si fuera un campeón, pero es que así me siento…, he triunfado, lo he conseguido. Suena R.E.M. Miro mi Garmin, 3 horas y 41 minutos. ¡He mejorado casi en 10 minutos mi marca! Me acuerdo de todos, me emociono,  me invade una congoja que no puedo controlar. Es agradable sentirme así. Como el principito en su planeta, solo, solo con mis sentimientos, pero rodeado de miles de estrellas.

Espero en la meta a que entre el último de los corredores. Le grito. Me mira. Lleva 6 horas corriendo y el muy canalla, luce una sonrisa de oreja a  oreja. Es un campeón y lo sabe…